Tenía la sonrisa más bella de todas.
Un mundo entre sus labios de sonreír.
Tenía un cielo en cada mirada,
viviendo sin vivir por ti.
Suelo escribir y recurrir a este blog, siempre, cuando le echo de menos.
Hoy, la vuelvo a echar de menos con todas mis fuerzas.
No podemos obligar a las personas a que estén donde no deseen, donde no pueden estar. Era su vida o hundirse conmigo, e hizo la mejor elección. Hizo más que bien en irse, porque la amo con toda mi alma y quiero que sea feliz.
Es irónico que aún me sigan saliendo lágrimas cada vez que pienso en ella. Como ahora.
Es cruel. Simplemente es.
Recuerdo una escena, uno de esos momentos perfectos, de felicidad plena. El placer de ser lo más feliz que jamás haya sido en mi puta vida. Lo recuerdo como si fuera ayer, y entonces, me entran ganas de reventarlo todo. De levantarme de aquí y destrozar a puñetazos este ordenador. De coger todos y cada uno de estos libros que me rodean y arrancar sus putas páginas mientras arden. Me entran ganas de darle una patada a cada puerta que me cruzo, de salir a la calle y gritar cagándome en esta puta vida. No puedo. Es superior a mí. Sólo quiero largarme. Irme sin más. Acelerar y no parar por nada. Con suerte tal vez me estrelle.
Sigo corriendo. Sigo solo. Sigo acelerando con todas mis putas ganas y jamás freno ni doy marcha atrás. Sido queriendo destrozarme contra el asfalto en cada cruce. Sigo queriendo pegármela en aquella farola, en aquel puto banco. Aún no puedo ver lo que me rodea. Quiero acelerar con todas mis putas fuerzas para no ver nada, para que por fin todo sea borroso y jamás se me ocurra ver nada a mi al rededor. No quiero frenar por nada de esta puta vida. No puedo verlo. Lo veo borroso y me arde el pecho, me entran ganas de reventar todo lo que me rodea. De partirme los huesos de los nudillos contra el saco.
Quiero acelerar, acelero con todas mis ganas. No puedo frenar. No puedo verlo. No quiero. He aprendido que acelerando, es la única manera que tiene una persona de escapar de su pasado. Pues siempre estará detrás de ti, persiguiéndote, pero cuánto más aceleres, más tardará en alcanzarte. Y si lo hace, asegúrate, de que ya estás muerto.
domingo, 24 de marzo de 2013
sábado, 12 de enero de 2013
Cruda realidad
Si ahora quieres a otro, significa que no me quisiste ni una cuarta parte de lo que yo te quise a ti. No me adoraste de esa manera. De esa no.
Y no es malo, ni está mal que lo hagas, sólo me asegura y me confirma que sentía exactamente lo que te decía. Aquellas cosas que siempre te dije y que tú no creías. Tal vez ya sea tarde, pero es mi manera de demostrarte que eran verdad.
Siempre te dije que yo te quería más, y al final, gané.
Y no es malo, ni está mal que lo hagas, sólo me asegura y me confirma que sentía exactamente lo que te decía. Aquellas cosas que siempre te dije y que tú no creías. Tal vez ya sea tarde, pero es mi manera de demostrarte que eran verdad.
Siempre te dije que yo te quería más, y al final, gané.
miércoles, 9 de enero de 2013
Cuando ya nada se espera personalmente exaltante
"Encontré la libertad. Perder toda esperanza era la libertad"
Hay que pensar con optimismo. Con seguridad y convicción.
Sí, ella será siempre el amor de mi vida. Siempre. Hasta que muera. Pero ahora es feliz. Muy feliz. Todo lo feliz que yo no pude hacerla, y eso me hace inmensamente feliz a mi. Inmensamente.
Planteo mi vida como una sucesión de actos donde lo principal, es pensar siempre que todo, TODO, va a salir bien. La mentalidad negativa es un estorbo. Tenemos una sóla vida para complicarnosla con problemas sin solución o cosas que no tienen remedio.
Por ahora, planes cercanos. Estudios, mi moto, y mis hermanos. Poco más. No pido más, no quiero más.
Noto que se me acercan ráfagas de deseo queriendo acercarme a otra relación. Pero me niego. Yo sólo tengo y tuve un amor. No más. Ya he escarmentado. Sentir es sufrir. Sólo quiero sentir cosas buenas, vivir cosas alegres. Ya basta de relaciones que no quiero ni yo. Ya basta de dejarse llevar por un físico atrayente y cuatro apretones.
Yo no soy de nadie, sólo me pertenezco a mí. Ahora lo veo todo más claro. Ahora ya no tengo nada, y me siento inmensamente feliz. Nada que buscar, nada que encontrar, nada que te ate.
He perdido la esperanza, y con ello, encontré la puta libertad.
domingo, 6 de enero de 2013
¿Me amas?¿A cuántos más con las mismas ganas?
Supongo que serán las putas Navidades, o el puto invierno, o la puta época de reencuentros que se supone que es.
Aunque no forme parte de su vida sigo queriendo saber de ella. Y eso me arde en el alma. Querer saber a cada segundo cómo estará, cómo la tratarán, sus vivencias. Pero no puedo.
Haberme quedado excluido de su vida duele. Duele este destierro donde ya no tengo ni siquiera la capacidad de saber qué ha hecho en su día. Es muy duro no saber si quiera cómo fue su cumpleaños, verla sonreír al apagar las velas, o haberle buscado un ansiado regalo para hacerla feliz.
Es duro quedar apartado, a la fuerza, de la vida de otra persona. Porque aunque quiera, aunque yo siga queriendo saber más, comprender más de lo que le ocurre y saber qué tal le va cada día, no puedo hacerlo. No puedo hacerle esto. Ella decidió dejarme e irse, y lo tengo que aceptar. Mi dolor es cosa mía, no puedo inmiscuirla en este mundo de soledad y autodestrucción del que ahora soy el dueño.
Si de verdad la amo, si de verdad la sigo adorando, debo mantenerme al margen de su vida. Para siempre.
Y, me pese lo que me pese, con mil lágrimas en mis ojos, no la molestaré... Es el precio que debo pagar por seguir adorándola.
"Y me alejé de ti, no porque te dejara de querer, sino porque te sigo amando..."
Aunque no forme parte de su vida sigo queriendo saber de ella. Y eso me arde en el alma. Querer saber a cada segundo cómo estará, cómo la tratarán, sus vivencias. Pero no puedo.
Haberme quedado excluido de su vida duele. Duele este destierro donde ya no tengo ni siquiera la capacidad de saber qué ha hecho en su día. Es muy duro no saber si quiera cómo fue su cumpleaños, verla sonreír al apagar las velas, o haberle buscado un ansiado regalo para hacerla feliz.
Es duro quedar apartado, a la fuerza, de la vida de otra persona. Porque aunque quiera, aunque yo siga queriendo saber más, comprender más de lo que le ocurre y saber qué tal le va cada día, no puedo hacerlo. No puedo hacerle esto. Ella decidió dejarme e irse, y lo tengo que aceptar. Mi dolor es cosa mía, no puedo inmiscuirla en este mundo de soledad y autodestrucción del que ahora soy el dueño.
Si de verdad la amo, si de verdad la sigo adorando, debo mantenerme al margen de su vida. Para siempre.
Y, me pese lo que me pese, con mil lágrimas en mis ojos, no la molestaré... Es el precio que debo pagar por seguir adorándola.
"Y me alejé de ti, no porque te dejara de querer, sino porque te sigo amando..."
Mi cielo
Por momentos intenté decirle que ella era mi cielo. Mi vida. Mis anhelos. Mi mundo. Pero tal vez no fui capaz de expresar con palabras todo lo que encerraba.
Cada gesto salido de su ser era un acto que yo adoraba. Que yo, a decir verdad, sigo adorando.
No me hace falta verle la cara para saber quién es. Conozco su forma de andar, la reconozco como anda. La reconozco cuando sonríe. La reconozco cuando miente y cuando me dice la verdad.
Adoro tanto todo lo que la forma, que conozco más de toda ella que de mí. Porque a decir verdad, aún no sé que cojones escondo ni que quiero.
La cagué. La hice llorar tantísimas veces que no merezco si quiera su mirada. Le hice mucho daño, la hice sufrir, cuando sólo trataba de encontrar una solución para no perderla nunca.
Pero se fue, y yo sigo aquí, reconcomiéndome por dentro y pensando que sí, que tal vez ya todo haya pasado. Pero me miento. Es una cruda y gris mentira. La veo y me vuelve a palpitar el corazón con a fuerza de un gigante. No tengo maneras de decirle aún cuánto la quiero. Tampoco las tenía entonces. Y tampoco las tendré jamás.
Mi primer y único amor, ha quedado grabado a fuego para siempre en mis entrañas. Morirá conmigo.
Sería idiota si dijera que no la busco con la mirada en cada sitio que voy. Si no busco cada gesto de ella. Cada sonrisa.
No quiero salir de su vida. Juro que no quiero salir de su vida. Porque eso significaría salir de la mía.
Tal vez me olvidaste ya, pero yo nunca lo haré. Porque una vez te dije que lo nuestro sería para siempre, y no necesito tenerte a mi lado, que me hables, que me mires, que no quieras a nadie salvo a mí, para cumplir mi promesa. Y una parte de ti, siempre me llevará contigo. Y con eso, con ese resquicio de felicidad que alguna vez pude darte, ahora me conformo y me hace sentir bien.
Quiero teñir mi piel con ese sentimiento que sólo tú eres. Que sólo tu formas. Quiero volver a perderme en las horas de tu olor y de tu ser. Quiero volver.
Pero ya es tarde, ya nada es posible, todo ha cambiado, menos lo que siento. Que por desgracia cada vez tengo más claro, que nunca lo hará.
"Hoy vuelvo a recordarla,
cruzo el recelo de su cielo.
Siento que muero en su duelo,
siento que la vida me amarga.
La carga, ardua y triste,
embiste su osamenta en mi pecho.
Mi pesado corazón desecho,
hace añicos lo que rehíce.
Me apiadé de mi, me perdoné,
mas sigo roto por tu abandono,
lloro en soledad, a menudo lloro,
por no ser capaz, de dejarte de querer..."
Cada gesto salido de su ser era un acto que yo adoraba. Que yo, a decir verdad, sigo adorando.
No me hace falta verle la cara para saber quién es. Conozco su forma de andar, la reconozco como anda. La reconozco cuando sonríe. La reconozco cuando miente y cuando me dice la verdad.
Adoro tanto todo lo que la forma, que conozco más de toda ella que de mí. Porque a decir verdad, aún no sé que cojones escondo ni que quiero.
La cagué. La hice llorar tantísimas veces que no merezco si quiera su mirada. Le hice mucho daño, la hice sufrir, cuando sólo trataba de encontrar una solución para no perderla nunca.
Pero se fue, y yo sigo aquí, reconcomiéndome por dentro y pensando que sí, que tal vez ya todo haya pasado. Pero me miento. Es una cruda y gris mentira. La veo y me vuelve a palpitar el corazón con a fuerza de un gigante. No tengo maneras de decirle aún cuánto la quiero. Tampoco las tenía entonces. Y tampoco las tendré jamás.
Mi primer y único amor, ha quedado grabado a fuego para siempre en mis entrañas. Morirá conmigo.
Sería idiota si dijera que no la busco con la mirada en cada sitio que voy. Si no busco cada gesto de ella. Cada sonrisa.
No quiero salir de su vida. Juro que no quiero salir de su vida. Porque eso significaría salir de la mía.
Tal vez me olvidaste ya, pero yo nunca lo haré. Porque una vez te dije que lo nuestro sería para siempre, y no necesito tenerte a mi lado, que me hables, que me mires, que no quieras a nadie salvo a mí, para cumplir mi promesa. Y una parte de ti, siempre me llevará contigo. Y con eso, con ese resquicio de felicidad que alguna vez pude darte, ahora me conformo y me hace sentir bien.
Quiero teñir mi piel con ese sentimiento que sólo tú eres. Que sólo tu formas. Quiero volver a perderme en las horas de tu olor y de tu ser. Quiero volver.
Pero ya es tarde, ya nada es posible, todo ha cambiado, menos lo que siento. Que por desgracia cada vez tengo más claro, que nunca lo hará.
"Hoy vuelvo a recordarla,
cruzo el recelo de su cielo.
Siento que muero en su duelo,
siento que la vida me amarga.
La carga, ardua y triste,
embiste su osamenta en mi pecho.
Mi pesado corazón desecho,
hace añicos lo que rehíce.
Me apiadé de mi, me perdoné,
mas sigo roto por tu abandono,
lloro en soledad, a menudo lloro,
por no ser capaz, de dejarte de querer..."
miércoles, 14 de noviembre de 2012
Redención
Un clavo saca otro clavo. Se acabó ser el que era. Se acabó mirar lo que quise ser. Por fin terminó la agonía de sentir que debía volver. Ya no quiero volver. Esta vez no. Ya no soy ese, me lo arrancaste.
El olvido a la fuerza, por obligación, por dureza y como única alternativa, me ha enseñado a ser fuerte. Me ha enseñado a dejar de ser dominado. Ya nunca más seré dominado, igual que tú acabaste dominándome a mi. Ya no soy ese. Se acabaron los miramientos y los sentimientos. Se acabó ser gentil y bueno.
Ahora sólo ansío vivir el momento. Disfrutar de la vida y la puta locura que recorre mis venas cada noche. Dejarme llevar por impulsos, por necesidades. Dejar de mirar en mi corazón y mirar en mi cerebro. Mi corazón se ha forrado de cuero y se ha vuelto de hielo. Me importan un carajo las lágrimas y los pesares. Me niego a volver a tenerlos.
Se acabó, de una vez por todas, sentir. Y ahora, al fin, me siento libre. Libre para hacer lo que quiera, como quiera, y dónde quiera. Podéis decir adiós al que era, porque a este que soy, le importa ya bien poco volver atrás.
He aprendido a valorarme, a quererme, y a no infravalorarme jamás. Soy una persona, tengo mi dignidad, mi fuerza, y me gano el respeto que quiero con dureza y un puño en la mesa, no con gilipolleces. He aprendido, que cuando uno se quiere, cuando uno se da cuenta de sus posibilidades, y se NIEGA a que otros cambien cómo es, y lo que es, todos comienzan a quererte. Cambia tu percepción del mundo, y el mundo cambia su percepción de ti. Todos te miran, algunos te admiran, y otras se sienten atraídas. Es el efecto del reconocimiento propio, de la fuerza nueva y renacida que sale de la libertad de cada uno. Que se IMPONE en cada uno a base de golpes y no acepta que nadie vuelva a pisarlo jamás.
Ya me pisaron suficiente, ya me harté de dejarme llevar por un huracán de sentimientos que sólo llevan a las putas lágrimas. Ella fue la última que me pisó, y eso se acabó. Esta vez no, nunca más.
Y si tengo que pisar, si tengo que dominar, esta vez, lo haré yo.
Sean bienvenidos a mi nueva coraza. A mi nuevo cerebro. No diré corazón, no, porque el que tenía, se pudrió.
El olvido a la fuerza, por obligación, por dureza y como única alternativa, me ha enseñado a ser fuerte. Me ha enseñado a dejar de ser dominado. Ya nunca más seré dominado, igual que tú acabaste dominándome a mi. Ya no soy ese. Se acabaron los miramientos y los sentimientos. Se acabó ser gentil y bueno.
Ahora sólo ansío vivir el momento. Disfrutar de la vida y la puta locura que recorre mis venas cada noche. Dejarme llevar por impulsos, por necesidades. Dejar de mirar en mi corazón y mirar en mi cerebro. Mi corazón se ha forrado de cuero y se ha vuelto de hielo. Me importan un carajo las lágrimas y los pesares. Me niego a volver a tenerlos.
Se acabó, de una vez por todas, sentir. Y ahora, al fin, me siento libre. Libre para hacer lo que quiera, como quiera, y dónde quiera. Podéis decir adiós al que era, porque a este que soy, le importa ya bien poco volver atrás.
He aprendido a valorarme, a quererme, y a no infravalorarme jamás. Soy una persona, tengo mi dignidad, mi fuerza, y me gano el respeto que quiero con dureza y un puño en la mesa, no con gilipolleces. He aprendido, que cuando uno se quiere, cuando uno se da cuenta de sus posibilidades, y se NIEGA a que otros cambien cómo es, y lo que es, todos comienzan a quererte. Cambia tu percepción del mundo, y el mundo cambia su percepción de ti. Todos te miran, algunos te admiran, y otras se sienten atraídas. Es el efecto del reconocimiento propio, de la fuerza nueva y renacida que sale de la libertad de cada uno. Que se IMPONE en cada uno a base de golpes y no acepta que nadie vuelva a pisarlo jamás.
Ya me pisaron suficiente, ya me harté de dejarme llevar por un huracán de sentimientos que sólo llevan a las putas lágrimas. Ella fue la última que me pisó, y eso se acabó. Esta vez no, nunca más.
Y si tengo que pisar, si tengo que dominar, esta vez, lo haré yo.
Sean bienvenidos a mi nueva coraza. A mi nuevo cerebro. No diré corazón, no, porque el que tenía, se pudrió.
sábado, 27 de octubre de 2012
Onírico
Hoy, he vuelto a soñar con esa situación. Siempre. Pocas veces tengo la suerte de que no se repita el sueño. Me acostumbro a dormir poco para no recordar, a dormir lo mínimo para tan siquiera descansar, y no volver a verlos. Pero en los momentos donde mis 5 horas no me bastan vuelve a mí.
"Y sin embargo cuando duermo sin ti, contigo sueño. Y con todas si duermes a mi lado..."
Debe ser eso. El hecho de tener alguien en tu vida, nos hace sentir la seguridad de que nunca se irá. De que todo estará bien. Y es entonces cuando solemos soñar con otras cosas, con mundos imposibles o aspiraciones y metas.
Pero, cuando el romance se acaba, cuando ya no se poseen los sentimientos de antes, nuestro cerebro vuelve a soñar con tenerlos. Con volver a estar a su lado. Todas esas quimeras y estupideces que antes inundaban nuestra cabeza ahora desaparecen. Se evaden y se van. Dejan de ensuciar y despejan la niebla a lo único y verdaderamente importante en tu vida: ella.
Hoy, volví a sufrir esa tortura de nuevo, por parte de mi cerebro. Volví a verlos, juntos y felices. Como solíamos serlo nosotros.
Hay días donde siento que todo basta, que ya se ha terminado. Que ya soy capaz de seguir viviendo. Y entonces, sin saber porqué, vuelvo a soñar con ella. Con que está de nuevo a mi lado, con que me abandona para irse con él. Vuelven a mí visiones de un pasado o de un presente que me castiga y me destroza. Me hace pisar el asfalto y hundirme en la miseria más profunda.
Y es entonces, cuando los veo irse juntos, dejándome a mí atrás, cuando siento que muero, de nuevo. Cuando muero como cada noche sin quererlo. Cuando, tras sufrir la más dura de las torturas en tu cerebro, tras soportar un inmenso dolor recreativo por ver esas imágenes, te abandonas a la nada, oscura y silenciosa. Y lo tienes claro. Estás muriendo. Aunque cada día te engañes o permanezcas con esa estúpida sonrisa te mueres. Mueres desde cada segundo que sigues en esta situación.
Y tu cerebro, como un fiel carcelero constante, noche tras noche, te hace verlo. Te hace ver lo que ya no es. Te hace ver dónde está ella ahora. Te hace verlos, felices, lejos de ti. Mientras tú, noche tras noche, vuelves a morir. Una y otra vez. Preso de esta tortura hasta quién sabe cuándo.
Y despiertas, a menudo suelo hacerlo con lágrimas en los ojos. Con el corazón latiendo presa del pánico y esta maldita tristeza y melancolía desde que apoyo un pie en el suelo. Y ya nada puede ir peor que eso, ya nada podrá ir peor en el día que aquellas imágenes. Es un pesimismo realista. Un pesimismo que, sin saber bien porqué, ha conseguido mantenerme vivo hasta aquí. Después de volver a verla, después de volver a perderla, noche tras noche, ¿qué puede ir a peor?
Ando preso de la tristeza y de este vacío durante todo el día. Ando hundido y deprimido nada más levantarme con restos de aquellas escenas en mi cabeza aún. Y entonces, espero. Espero y aguardo mientras veo el día pasar, con lentitud, con calma. Sin prisa alguna.
Y luego. Y luego, vuelvo a dormir rezando para no volver a verlos. Para no volver a imaginarme de nuevo otra tortura más para este cerebro machacado.
Y me duermo, y me sumo en el olvido, de nuevo. Sin saber cuánto más aguantaré, hasta despertarme de nuevo, llorando su nombre.
"Y sin embargo cuando duermo sin ti, contigo sueño. Y con todas si duermes a mi lado..."
Debe ser eso. El hecho de tener alguien en tu vida, nos hace sentir la seguridad de que nunca se irá. De que todo estará bien. Y es entonces cuando solemos soñar con otras cosas, con mundos imposibles o aspiraciones y metas.
Pero, cuando el romance se acaba, cuando ya no se poseen los sentimientos de antes, nuestro cerebro vuelve a soñar con tenerlos. Con volver a estar a su lado. Todas esas quimeras y estupideces que antes inundaban nuestra cabeza ahora desaparecen. Se evaden y se van. Dejan de ensuciar y despejan la niebla a lo único y verdaderamente importante en tu vida: ella.
Hoy, volví a sufrir esa tortura de nuevo, por parte de mi cerebro. Volví a verlos, juntos y felices. Como solíamos serlo nosotros.
Hay días donde siento que todo basta, que ya se ha terminado. Que ya soy capaz de seguir viviendo. Y entonces, sin saber porqué, vuelvo a soñar con ella. Con que está de nuevo a mi lado, con que me abandona para irse con él. Vuelven a mí visiones de un pasado o de un presente que me castiga y me destroza. Me hace pisar el asfalto y hundirme en la miseria más profunda.
Y es entonces, cuando los veo irse juntos, dejándome a mí atrás, cuando siento que muero, de nuevo. Cuando muero como cada noche sin quererlo. Cuando, tras sufrir la más dura de las torturas en tu cerebro, tras soportar un inmenso dolor recreativo por ver esas imágenes, te abandonas a la nada, oscura y silenciosa. Y lo tienes claro. Estás muriendo. Aunque cada día te engañes o permanezcas con esa estúpida sonrisa te mueres. Mueres desde cada segundo que sigues en esta situación.
Y tu cerebro, como un fiel carcelero constante, noche tras noche, te hace verlo. Te hace ver lo que ya no es. Te hace ver dónde está ella ahora. Te hace verlos, felices, lejos de ti. Mientras tú, noche tras noche, vuelves a morir. Una y otra vez. Preso de esta tortura hasta quién sabe cuándo.
Y despiertas, a menudo suelo hacerlo con lágrimas en los ojos. Con el corazón latiendo presa del pánico y esta maldita tristeza y melancolía desde que apoyo un pie en el suelo. Y ya nada puede ir peor que eso, ya nada podrá ir peor en el día que aquellas imágenes. Es un pesimismo realista. Un pesimismo que, sin saber bien porqué, ha conseguido mantenerme vivo hasta aquí. Después de volver a verla, después de volver a perderla, noche tras noche, ¿qué puede ir a peor?
Ando preso de la tristeza y de este vacío durante todo el día. Ando hundido y deprimido nada más levantarme con restos de aquellas escenas en mi cabeza aún. Y entonces, espero. Espero y aguardo mientras veo el día pasar, con lentitud, con calma. Sin prisa alguna.
Y luego. Y luego, vuelvo a dormir rezando para no volver a verlos. Para no volver a imaginarme de nuevo otra tortura más para este cerebro machacado.
Y me duermo, y me sumo en el olvido, de nuevo. Sin saber cuánto más aguantaré, hasta despertarme de nuevo, llorando su nombre.
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